Metrocrónica # 27 “Se llama Oscuridad...” (Toma 1)

La escuché un día hablar.

En tiempos de Petrarca, de “Fair Lady” y del “Amor Cortés”, encontré la imagen que buscaba: Una figura de ángel y demonio, quizás 50 kg, que de los 50 kg, casi todos de lujuria e inocencia.

“Yo casi todo lo digo con silencio, ¿no te has dado cuenta?”

Aquel día volví a verla, pero escuché la advertencia pretenciosa del status quo: “Ni lo intentes, mano. Esa es para papá. Es parte de mi harén” 

Con displicencia escuché lo que era de esperarse. Es parte de un plan preestablecido y determinado que te llevará a pensar en construir grandes estrellas y grandiosas obras, para, de vuelta a la realidad, quedar siempre en el mismo lugar: Sentado en el mismo lugar, mirando la misma autopsicografía desagradable e irritante. Pero en el fondo, escondida detrás de una obsesión, estaba ella…

“Siempre hay más de lo que callo que logro decir… Siempre es más lo que oculto que logro mostrar…”

Hay momentos de confesión y a veces un pesado muro logra evitarme el trago amargo de mirar el espejo, de ver miradas de fastidio y juicio. Logré, por algún tiempo, seguir andando por la travesía consecuente de todos los días, pero un día la vi de nuevo. Evité su mirada, no sé si ella se habrá dado cuenta de mi presencia, en un mar de gente, logré mirarla, la misma figura diabólica y angelical: Amarillo, blanco, negro, azul y negro de nuevo, todo conglomerado y luego me mira y una sonrisa, y un saludo,y un “mierda, me vio” Mal cazador furtivo,ni para esconderse entre la maleza sirve… Y luego un saludo… Otra vez esa sonrisa…

Como la hermosa reina en el castillo que espera  a su rey valiente que está en Tierra Santa luchando contra “los infieles”, así es ella, mientras yo, el labriego, la miro desde la pradera a través de la ventana de la torre. Allí está, Y tiene su rey, y yo ni la espada sé manejar para ser víctima del Aubade y compartirla por un día… 

Allá en la sombra está Lancelot. Sube a la torreta mientras Arturo está no se sabe dónde.  No tengo acto ni parte. El Love Triangle no incluye al labriego,  sólo al Rey, la Reina y al primer de los Caballeros de la Corte. Y yo, yo ni una espada sé manejar

“A mí también me encanta esa película, y sobre todo, me encanta que a ti te encante”…

Expresión estúpida, realmente. Siempre me he llevado mal con los encuentros especiales. Nunca he sabido lidiar con se acerca “el momento”. Esa idea de momento supremo e importante. Confieso mi inoperancia.

“Tengo una cosa que escribí para ti, algún día te la daré si logro salir adelante…”

Pero hay tristeza en tu mirada. No lo sabes, pero te observo. No te observo con malicia, no te observo con lujuria. Te miro en detalle, para aprenderme cada centímetro, no por perversión, es que realmente no sé cuándo volveré a verte. Y quiero recordar la imagen más limpia y nítida que pueda de ti. En público evito mirarte y evado cuando tú me observas, pero siempre termino mirándote. 

Estás triste. Hay una tierna oscuridad en tus ojos. No lo dices, pero sé que el cliché sobre ti te causa dolor. Todo es corporal, físico, temporal al final, pero nada nunca ha sido permanente. Salvo aquella sonrisa,dientes blancos, silueta muy fina y mirada triste… Y luego un café, luego una confesión, y los amigos y un “Nos vemos luego”…

Lo confesaré, pienso en ti y te escribo una crónica, Toma 1, algún día la leerás y ya estará. Quizás se rompa la magia, quizás un luego qué… No importa, no debe haber un luego qué… Mantendré este momento… Mantendré las letras que te hagan eterna. Revisa bien lo que lee y me entenderás.

Presta atención…



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