Metrocrónica # 4: “Sin título recurrente (Hastío, recurrencia y otros azares)”

Mirada traslúcida, fija en el acero;
Respiración entrecortada
Y una señora te mira del otro lado con un aire simpático
Y te recuerda a tu abuela;
Miras a los lados y ves a una niña que llora
Porque su mamá le pidió que se quedara tranquila;
Tu instinto paternal,
Ese que creías muerto,
Aflora y quieres ahorrarle a la pequeña el espectáculo macabro…
No hay piedad para almas irredentas e inconfesas,
Piensas,
Y sientes como gotas de sudor lentamente brotan de tu frente
Y corren por tu cara y barba…
Creo que tengo fiebre y siempre escribo
(Gracias, Fernando, por tan genial frase, piensas)
Y ya no solo te cuesta respirar
Sino que ahora parece doler profundamente…
El aire entra y lastima,
El aire sale y vuelve a lastimar,
Lo que sea para lastimar…
El tiempo se detiene.
Sientes cada latido,
Cada fluido de sangre por tus venas,
Cierras los ojos
Y crees que puedes sentir cada neurona
Haciendo sinápsis
Y cada gesto,
Y cada movimiento,
Es pesado y doloroso,
Y no puedes evitarlo,
No puedes contenerlo,
Pero un temblor estremece todo tu cuerpo.
Abres los ojos y miras el acero,
Perfectamente separado,
Perfectamente moldeado
Y no pensaste nunca en ser uno con el elemento
Y,
Como cada día,
Lo miras,
Y lo observas,
Lo detallas,

Con la extraña certeza
De que algún día lo harás.
Quizás sea hoy.
Escuchas música a tu alrededor,
Te produce asco y te perturba,
Te hace anhelar el final de todo esto,
Tranquilo, ya se aproxima.
Y a lo lejos,
Sientes el viento en tu cara,
Rápido e impetuoso
Y sabes que el momento exacto está allí,
Esperando por ti.
Mucho escribiste sobre esto,
De nuevo el bombeo,
De nuevo el sudor,
Y, de nuevo,

Tu corazón,

Latiendo como nunca.
Y, se aproxima, el viento es cada vez más fuerte,
Sientes como tu cuerpo,
allí parado,
Va perdiendo fuerza,
Te balanceas suavemente,
Casi imperceptiblemente,
De adelante hacia atrás.
¡YA!
¡AHORA! ¡VAMOS!
Te gritas internamente,
Y te vuelves a gritar,
Te sientes cobarde,
Hasta para esto,
Y de repente, pasa delante de ti,
Abres los ojos,
Una lágrima se reprime entre la multitud,
Y muchas caras,
Y muchas respiraciones,
Te empujan,
Te acorralan,
Te juzgan,
Pero no por el pecado aún por cometer.
No fue esta vez.
“Recuerde que dejar salir es entrar más rápido”
“Se le agradece a los señores usuarios permitir el cierre de puertas”
“Se le agradece a los señores usuarios…”
“Se le agradece a…”
El sonido se difumina
y tú inicias tu día.

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