Metrocrónica # 22: "Mamihlapinatapai"

"Señores usuarios, les informamos que en breves momentos iniciaremos el recorrido."

"Señores usuarios, recuerden que salir es entrar más rápido"

Y mientras tanto, hundido en el rincón habitual, en el medio de la muchedumbre, pero solo, te recuerdo, con un verso dando vueltas y una idea,  y una mirada y un recuerdo de un momento de locura.

"Esta vida de bordo há-de matar-me.
São dias só de febre na cabeça
E, por mais que procure até que adoeça,
Já não encontro a mola pra adaptar-me."


Y sí, te recuerdo con avidez, y yo también te imagino y te recuerdo. Cierro los ojos para tratar de que tu cara se haga nítida y constante, como aquellos besos.

Y yo, yo también me imagino en ese Canal de Suez y también creo que la vida a bordo es triste y poco me divierto. 

No hablo con alemanes, ni con suecos ni con ingleses, pero sí logro hablar con catienses, petareños y con baruteños, aunque no sean la misma gente.

Acá, en este Metro, donde toda la gente es una sola y entra y sale, vuelve a entrar y a salir y yo, yo sigo recorriendo este Canal a Oriente.

Y sí, en cada conversa te apareces, y se lee "V" en cualquier parte. 

Y no, no tengo opio que me mate ni esta crónica está dedicada a un amigo y hermano suicida reciente en Paris, pues no tuve que ir a China, ni al Oriente de mis raíces, ni a la Índia, ni a Timor.

Fue más fácil pues siempre estuviste allí. Te miraba y tú me mirabas y siempre sentí la curiosidad de lo desconocido e intenso.

Mi propio Oriente, mi propia búsqueda de Índia me llevó a ti, a tus brazos, a tus labios, a tu sudor y a tu mirada intensa y difícil.

Y sé que tienes miedo pero yo no tomo opio, sólo tomo café, pues, como sabes, es mi escape al mundo, es mi puerto seguro... Lo comparto contigo.

Yo no estudié Ingeniería, ni nadie me cree inglés y tampoco hay quien piense que hablo muy bien. Yo sólo escribo y detallo lo que veo, cosa que ya hemos perdido.

Y hablando de perdidas, me aterra perderte, y a tu recuerdo, pero tal como el barco de Suez, este también llegará a su destino, a su Oriente.

Mi propio Oriente no es la Índia, ni China, ni Cipango, ni Formosa. Mi Oriente es tu sonrisa, tu abrazo y tu mirada cálida. Ya lo dije, cierto, lo dicho.

Pues, lo dicho es que no tengo Oriente que no sean tus ojos, ni tu mirada intensa que me domina y no tengo otra patria que no sean tus ojos y tus labios, es allí donde pertenezco.

Y cayó la noche, y yo sigo acá en el Metro, doy vueltas y vueltas, lo apagan, lo prenden, intentan sacarme, pero yo sólo quiero llegar a mi patria...

Déjenme quedarme acá, hasta que la hora luctuosa llegue, pues sin patria y sin destino ando y solo la muerte puede salvar

Yo también quiero fe y calma y que aquel remedo que llaman Dios venga y abra las compuertas y me deje salir... Para poder encontrar mi Oriente...

"Señores usuarios, Estación La California... Dejar salir es entrar más rápido"
"


Comentarios

Entradas populares