Metrocrónica # 34: "La Chica de Shia"



Pensamientos


Un manto de misterio te cubre eternamente. No lo dices, pero yo sí noté la tristeza en tus ojos. Me hubiese gustado estar allí para protegerte.

Eres misterio permanente. Eres la esencia de las montañas que amas, que amamos y el destino te puso allí, en aquel lugar, para que yo, atento y despierto, pudiera ser la víctima de tu café derramado y victimario de una frase inteligente, una frase ocurrente.

Te hice sonreír, lo sé. Esa sonrisa vale mucho, tal como los ensueños de aquella montaña, de aquel viaje eterno de todo un día.

Te hice llorar, también lo sé. Las horas se nos fueron, mientras había sincronía de colores y dolores. A veces, de cualquier desconocido nos viene la luz y el amor que estamos buscando.

Te dije que te irías, solo erré en el destino. Me encanta y me seduce tu libertad. Libre te conocí y libre te veré partir, te ví partir y seguro te veré regresar, pues eres alma libre, como el viento de la sierra que recorría tu cabello y regaba tu perfume, como la locura en tu mente, como tu dulzura al escuchar y al querer.

La camisa de tu abuelo, esa que usas como homenaje, aún la recuerdo con nitidez. Pensaba que era solo un gesto extravagante, un gesto diferente, de una "loca" muy cuerda, pero con aquella solemnidad me explicaste la razón de aquella prensa y entendí lo esencial de recordar quienes somos, de donde venimos y hacia donde vamos,con marcas, con heridas, con sonrisas, con lágrimas y con risas, siempre.

A veces, cuando subo a este tren, te recuerdo. Te imagino abordando el mismo tren, camino, te busco y no te consigo, que estupidez la mía, seguramente estás volando en cualquier parte del mundo y todavía no es tiempo para el reencuentro.

No vuelvas a llorar. Quiero que sonrías. Eres un ave majestuosa que a veces desconfía de su vuelo, pero se que volarás alto de nuevo y miraré al cielo, cualquier día, para mirarte planear y ser feliz.

Ya pasaron las lágrimas, ya pasó la risa y viene más trabajo y trabajo en tu libertad con lentes. Nunca te agradecí por ser mi compañera en este viaje de pañuelo, nunca te agradecí el silencio en el medio de aquel llano y la sencillez y simplicidad de tus acciones.

Tal vez un día lo haga. Mientras tanto, esperaré que el camino vuelva a juntarnos alrededor de un café, el frío y nuestra montaña.

Esta nota no termina. Es un texto aún por acabar. Espero reescribirlo con mi mano y con tu cámara.

Comentarios

Entradas populares