Metrocrónica # 8: "Erick"

Una historia ocurre en cualquier rincón de esta ciudad, la Ciudad de la Furia, la misma que parió a la resistencia indígena, la misma que vio nacer a la Libertad y al Sol de América, la misma del delito, la misma de la muerte, la misma de la sangre derramada, la misma del dolor y la tragedia, la misma del amor.

En este andén eterno, en este transcurrir sin fin de trenes y vías, en esta ciudad de contrastes, del color y la oscuridad, la vida transcurre entre miradas, casi todas esquivas pues hemos aprendido a no mirarnos: En esta ciudad es casi un delito mirar a los ojos detenidamente a alguien pues, tal como se dice en las calles, mirar a los ojos a un caraqueño por más de 5 segundos puede significar una invitación a pelear, a odiar o, más suavemente, una invitación a amar.

Una mirada se detiene. Una mirada se posa. Me mira fijamente. 

- "Hola. ¿Cómo te llamas?"

La mirada hace silencio. Se cierran los ojos y sigue comiendo del resto de una hamburguesa que algún "buen samaritano" le dio.

-"Hey, ¿Cómo te llamas?"

Los ojos me miran nuevamente y fijamente y me dicen: "Me llamo Erick".

- ¿Cómo?
- "Erick", responde con paciencia.
- ¿Qué edad tienes?
- "11". 

Un chico le regala una bebida a medio terminar y Erick se sienta en el suelo a disfrutar su comida.
Yo me agacho con él  y me pongo a su altura. El chico no muestra ni miedo ni desconfianza. Yo lo miro detenidamente y voy descubriendo con pesar y horror sus heridas de "guerra", esas  que cualquier morador  de la calle lleva consigo, visibles y no visibles.

-"¿Y tu familia?"
- "No tengo".

La respuesta me explotó en la cara y supe que mi reacción se había dejado notar por el mismo chico interpelado.

- "¿Tu mamá?"
- " Murió en un accidente".
- "¿ Y tu papá?"
- "Lo mataron".

No sé si fue por la terrible tragedia relatada o por la pasmosa tranquilidad con la que un niño de 11 años da cuenta de su irremediable soledad, me sentí mal al recordar a mi propia hija y entender finalmente aquel poema del gran Andrés Eloy Blanco:

"Cuando se tiene un hijo,
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga..."

-"¿Donde vives?"
- "Acá".
- "¿Cómo acá?"
- "Acá mismo".

Mis ojos se abrieron con dolor y sorpresa, luego se ensombrecieron pues recordé mi culpa, le de todos.

-"¿Hace cuanto tiempo vives en la calle?".
- "Hace tres años. Ya los voy a cumplir", afirma mientras me regala una mirada resignada junto a una sonrisa.

No lo podía creer. Y pienso: 

"Ay, Andrés Eloy, 
Este se escapó de Belén y de Judea 
Para no caer bajo la espada 
De la guardia del cruel y despiadado Herodes, 
También escapó de Hiroshima y Nagasaki, 
y escapó de algún campo de concentración 
Con una pijama, 
Y se escondió en un sótano, 
Esperando no ser encontrado, 
Y escapó del fuego despiadado 
del Oeste y del Este, 
Y evadió las bombas 
Y los aviones suicidas de World Trade Center. 

Erick escapó de una guerra tribal,
en África o en Asia,
Se salvó de las bombas "democráticas"
Y de "la paz"
Que caen sobre el Medio Oriente
Escapó de morir en una balsa cubana
O en una patera norafricana
O de morir abaleado cruzando el Río Grande.

Este se libró de la limpieza étnica 
De unos idiotas vestidos de blanco
en la "Tierra de la Libertad"
Erick no es un mapuche 
Ni un araucano
Ni un cheerokee
Ni un apache
Ni un yanomami
Tampoco parece inca
Aunque sus ojos achinados y su baja estatura,
producto de una malnutrición crónica,
lo hagan asemejarse.

Se libró de toda la miseria de la historia,
Se libró de toda la guerra,
Se libró de los conflictos,
Para venir a perecer acá
En una calle fría de Caracas,
Con hambre rutinaria,
De días, meses y años.

Nunca nadie le enseñó a sentir,
Ni su cuerpo curtido de suciedad y dolor,
Ni su cabello endurecido de tanto piojo y de tanto piso duro
Al dormir
Cuando se pueda
Mientras "cuido a mis amiguitos y ellos me cuidan".

¿Y qué será de él, Andrés Eloy?
¿Por qué nadie le enseñó a jugar?
¿Por qué este niño no está en una escuela,
estudiando, aprendiendo, riendo,
SOÑANDO
Y solo sabe palabras en "ando y "endo"
Que transmiten dolor:
Sufriendo
Temiendo
Corriendo
Pasando (Hambre, claro)
Queriendo
Anhelando
Sintiendo (Amor, qué sencillo)
Deseando (Poder tener una familia, claro, pero es difícil desear lo que nunca se ha conocido)
MURIENDO (Sin remedio).

Mientras todos, 
Todos nosotros,
Decimos lamentarnos,
Sentimos pena,
Sentimos tristeza,
Pero será momentáneo,
Pues nos conformamos apenas,
Con una galleta,
Un refresco a medio beber
Y ya con eso sentimos que hicimos nuestra parte
Que ya somos grandes seres humanos
Y que el tal Cielo,
De haberlo, 
Ya nos pertenece.

Una lágrima se me escapa y pienso todo esto. Y se derrama por mi mejilla por mi hija, por Erick y por los hijos infinitos de Andrés Eloy Blanco.

El recorrido continúa pero me hago la promesa personal de "No más Ericks", "No más Ericks ni niños con sonrisas extraviadas, acá en este recorrido perdido de un tren sin rumbo al que llamamos Vida (DES- VIDA)

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